-¿Qué cosa? - dijimos mi amigo y yo.
-Oh, se escondió - Camila rió burlándose de nosotras.
-Ja-ja - dijo Joaquín - muy graciosa.
-Ya sé - dijo Cami con cara satisfactoria.
-¿Y si volvemos a tu casa, Vicky? - propuso Joaquín.
-¡No! - se quejó Camila.
-No están acá, Cami.
-Creo que Joaco tiene razón - dije apoyando el comentario de mi amigo.
-Bueno, pero no volvamos a tu casa, Vic. Sigamos recorriendo - sonrió.
-Bueno, dale - asentí y seguimos nuestro camino por Madrid. Era una ciudad muy linda con muchas cosas interesantes para ver.
-Oh, disculpa - sentí el impacto del cuerpo de alguien sobre el mío cuando iba caminando, que me despertó de mi tranze con aquella ciudad. Por el tono en el que me hablaba, no era español. Llevaba gafas negras y una gorra. Parecía misterioso y con algo que esconder - ¿estás bien? iba apurado y no me percaté que venías - volteó a ver hacia atrás de él. Cami y Joaquín estaban mucho más adelantados pero pararon a esperarme.
-Sí, estoy bien - le sonreí sin mostrar los dientes.
-Ok. Una vez mas, disculpame - me sonrió tambien y se fue. Volteé a ver como se iba; sus pasos eran acelerados, y parecía inquieto. Miré hacia abajo y después al frente y corrí hacia donde me esperaban mis amigos.
-¿Quién era? - dijo Cami comenzando a caminar cuando me acerqué a ellos.
-No sé...pero de acá no parecía - hice una mueca y seguimos caminando. Recorrimos todo el día. Llegamos cerca de la noche a mi casa. Todo estaba acomodado y mi madre estaba preparando la cena.
-¡Llegaron! - dijo mi mamá con un tono de sorpresa y muy sonriente.
-Acá estamos - dijo Joaquín acercándose a ella y saludándola con un beso en la mejilla.
-¿Y papá? - pregunté mientras nos sentamos en el living con Camila.
-Se fué a hacer compras para dejarte llena la cocina. ¿Quieren tomar algo?.
-Yo no, gracias - dijo Joaquín yendo con nosotras.
-Bueno, ¿y ustedes, chicas? - ofreció mi mamá.
-Yo tampoco quiero nada, gracias - dijo Cami sonríendo.
-Yo tampoco, má. Estamos bien.
-Ok. Si necesitan algo, estoy arriba - dijo subiendo las escaleras.
-Saben que me quedé pensando en el chico de hoy. Me quedó la intriga. No sé porque. En fin...¿qué hacemos mañana?.
-No sé, lo que quieran - Joaquín recostó su cabeza contra el sillón.
-A la mañana voy a salir a caminar por alrededores - dije - no me voy a alejar. ¿Quieren venir?.
-¿Caminar? ¿encerio? - dijo Cami rezongando.
-Sí, quiero caminar.
-Ai, Vicky. Seguis caminando y desapareces - agregó de nuevo mi amiga. Joaquín soltó una risa.
-No es por eso; me gusta caminar - respondí.
-Ok, andá a caminar. Joaquín y yo hacemos otra cosa - los dos se miraron.
-Ah bueeeeeeeeno - dije alargando las "e".
-¡Malpensada! - dijo mi amiga golpeandome levemente en el brazo.
-¡Hey!.
-Chicas...basta - dijo Joaquín deteniendonos - no voy a abusar de tu amiga, Vicky.
-No sé; estas un poco depravado últimamente - dije en tono de burla.
-Muy graciosa - dijo él. Camila se rió. Escuchamos pasos y era mi mamá bajando las escaleras.
-¿Van a cenar, chicos? - escuchamos ruidos de llaves y era mi padre entrando con bolsas.
-¿Necesita ayuda, señor? - Joaquín se paró.
-Llamame Eduardo, Joaco - le sonrió - si me hacés ese favor te lo voy a agradecer.
-Ok - Joaquín rió y salió para buscar bolsas. Cuando las entraron todas, nos sentamos a cenar y a hablarles a mis padres adonde habíamos estado. Una larga charla, entre todos, ríendonos y pasándola bien. Al día siguiente, fui la primera en levantarme. Eran las 7 AM exactamente. Me cambié como para salir a caminar y emprendí mi camino escuchando música con mi iPod. Volví a pasar por la sede del RM; me preguntaba si habian posibilidades de encontrarme con el mismo chico del día anterior...pero nada. Pasaron los meses; yo estudiaba en una universidad muy linda de Madrid. Mis padres, Camila y Joaquín habian vuelto a Inglaterra y yo llevaba mi vida sola en aquella ciudad de España. Trabajaba en un famoso hotel de ahí como recepcionista. Me pagaban bien y estaba llevando mi vida por mí misma y me enorgullecía...
-Hola, que tal - escuché una voz en mi mostrador. Levanté la vista y definitivamente, conocía a la persona que tenía frente a mis ojos.
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