Ya era otro día en España, Madrid. Era Lunes. Yo empezaba la universidad y estaba muy nerviosa. Me levanté a las 7 AM. Yo entraba a las 8. Agarré mi celular, y miré la pantalla; "Buenos días :)" decía un mensaje de Gonzalo. Suspiré y decidí no contestarle. Me vestí, desayuné y me dirigí en mi auto hacia la universidad. Habían muchas personas. Me bajé nerviosa y caminé por los largos pasillos.
-Hola - escuché que me dijeron. Levanté la vista.
-Hola - respondí. Esa persona me sonrió. Era un chico alto, de pelo corto y morocho. Piel morena...lo suficiente. Ojos claros y una hermosa sonrisa - ¿eres nueva? - sí, era español.
-Sí, ¿se nota mucho? - él soltó una risa.
-Eres Victoria, ¿no?.
-¿Cómo sabés? - dije sorprendida.
-Porque estoy leyendo tu cuadernillo - me apuntó a la tapa. Decía 'Vicky :)'. Claro.
-Oh...sí.
-Me llamo Marco - extendió su mano y la estreché - mucho gusto.
-Igualmente, Marco - le sonreí y comenzamos a caminar juntos.
-¿Qué estudias?.
-Psicología - me miró sorprendido.
-¿De verdad? - asentí - ¡yo también!.
-¡Oh! - le sonreí.
-¿Qué año? - preguntó de nuevo.
-1ero - respondí.
-Yo también - rió - ven conmigo; ya he averiguado nuestros horarios. Ahora tenemos Química.
-¿Química? - sí, eso creo; empezamos a tener Química. Já.
-Sí, ven - fuimos a clase. La pasé muy bien con él, es divertido. Nos pasamos nuestros números y yo fui hacia mi casa a la salida. Dejé mi celular sobre la mesada y me fui a darme una ducha. Cuando volví, sentí que estaba vibrando. Era una llamada; contesté.
-¿Hola?.
-¿Por qué no me contestabas los mensajes ni las llamadas? - era Gonzalo.
-¿Por qué tengo que darte explicaciones?.
-No se responde una pregunta con otra pregunta - contra atacó - quiero saber de vos, nada más.
-Estaba en la universidad.
-Ah, ¿cómo te fue? ¿ya volviste?.
-Sí, recién volví. Bien, ¿y tu día? - demostré interés.
-Cansador, como siempre - suspiró.
-Yo ya me hice un amigo - traté de darle celos. Quería ver como raccionaba.
-¿Ah sí?.
-Si.
-¿Cómo se llama?.
-Marco, y es español.
-Ah...¿te gusta? - solté una carcajada.
-Lo conozco hace un día, Gonza. ¿Y que si sí?.
-No, nada, nada.
-¿Estas celoso?.
-¿La verdad? muy - me sentí satisfecha y no pude evitar sonreír - te quiero ver.
-Entre semana no puedo - él suspiró.
-Lo sé, a mi también se me complica.
-Sí...bueno, Gon. Me voy a cenar algo y a estudiar.
-Bueno, Vicky, dale. Después te llamo.
-Dale. Chau, nos vemos.
-Chau, hermosa - colgamos. ¿Hermosa? no pude evitar sentirme tan bien cuando me dijo 'hermosa'. Tuve ganas de gritarle 'VOS SOS MÁS HERMOSO!'. Ahora puedo asegurar que...sí me gusta Gonzalo.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Parte 7.
Después de estar con él abrazados unos minutos, me separé rápido raccionando de lo que había pasado.
-No - volteé y me agarré la cabeza con una mano.
-¿Qué? - tomó mi brazo e hizo que volteara - ¿no qué? - y se acercó más a mí. Él sabía que yo me moría por besarlo de nuevo. Él sabía que tenia cierta debilidad por su persona.
-No hagas eso, Gonzalo - me separé de nuevo - esto esta mal.
-¿Por qué lo está?.
-Porque...no te conozco. Nos conocemos hace a penas dos días; no es suficiente para mí. No...puedo hacer esto.
-¿Qué querés saber? - se cruzó de brazos y me miró.
-No necesito saber.
-¿Entonces? me estas diciendo que "no me conoces"; bueno, preguntame, te respondo y conoceme.
-No pasa por eso - negué con la cabeza y miré para abajo.
-¿Entonces por qué pasa? ¿tenés miedo de enamorarte? - levanté mi vista.
-¿Qué?.
-Si, ¿es eso?.
-¡No! - dí unos pasos hacia atrás.
-Si, es eso - asintió con la cabeza - tenés miedo de enamorarte de mí. Tenés miedo de salir lastimada. Tenés miedo de equivocarte. Tenés miedo de...- se detuvo.
-¿De qué más, Gonzalo? Terminá.
-Tenés miedo de que te amen - finalizó.
-No tengo miedo a ninguna de las cosas que dijiste.
-Sí, tenés miedo. Mucho miedo.
-No, te equivocás.
-¿Ah sí? entonces decime como son las cosas - me mantuve en silencio y solo lo miré - Vicky, no soy lo que debés pensar de mí.
-¡Eso! demostramelo; demostrame que sos familiero, demostrame que te gusta divertirte, demostrame que conocés límites.
-¿Querés que te lo demuestre?.
-Sí.
-Bueno, vamos - se hizo a un lado.
-¿A dónde?.
-Querés que te demuestre que soy familiero ¿no? - asentí - bueno, vamos a conocer a mi familia y te lo demuestro.
-¿¡QUÉ!? - reí nerviosamente - oh no, no, no, no, no - negaba con la cabeza - ¡no voy a casarme con vos! - él soltó una carcajada.
-¿Querés casarte conmigo?.
-¡No! - él volvió a reír.
-No hace falta que te cases conmigo para conocer a mi familia.
-¿Cómo podés llevar a conocer a tu familia a una chica que conocés hace dos días?.
-Sé todo lo que necesito saber - me guiñó el ojo.
-No, si pensás que me conocés, te equivocás terriblemente.
-Lo sé, por eso dije "todo lo que necesito saber".
-No voy a conocer a tu familia, Gonzalo - finalizé.
-Como quieras. Salgamos esta noche.
-No puedo - me cruzé de brazos.
-¿Por qué?.
-Voy a la universidad. Mañana es lunes. Vos tendrás tu día libre, yo no.
-¿Mañana ya es lunes? - dijo sorprendido. Yo asentí - tengo entrenamiento.
-¿Lo vés? - dije.
-Dame tu número. Vamos a estar en contacto y vamos a hacer algo en la semana y te demuestro todas esas cosas que querés, ¿dale? - lo miré insegura pero cedí. Le dí mi número.
-No creas que después de eso, voy a casarme con vos y vamos a ser felices para siempre - él soltó una carcajada.
-No quiero eso; yo avanzo de a poco - se acercó a mi y me besó cerca de la comisura de la boca.
-Te odio, Gonzalo - él rió.
-¿Querés besarme?.
-Por favor - bufé.
-Sí, lo deseás. Dale, hacelo.
-Andá a casa, dale - lo empujé. Él tomó mi cintura y me robó un beso - ¡hey!.
-Me voy, ya tengo lo que quería, gracias. Nos vemos, Vic - me sonrió y se fué cerrando la puerta a su paso. Era increíble. Creo que está logrando lo que quería...no sé que es exactamente eso, pero estoy cayendo. ¿Enamorándome? no, no creo...¿o sí?.
-No - volteé y me agarré la cabeza con una mano.
-¿Qué? - tomó mi brazo e hizo que volteara - ¿no qué? - y se acercó más a mí. Él sabía que yo me moría por besarlo de nuevo. Él sabía que tenia cierta debilidad por su persona.
-No hagas eso, Gonzalo - me separé de nuevo - esto esta mal.
-¿Por qué lo está?.
-Porque...no te conozco. Nos conocemos hace a penas dos días; no es suficiente para mí. No...puedo hacer esto.
-¿Qué querés saber? - se cruzó de brazos y me miró.
-No necesito saber.
-¿Entonces? me estas diciendo que "no me conoces"; bueno, preguntame, te respondo y conoceme.
-No pasa por eso - negué con la cabeza y miré para abajo.
-¿Entonces por qué pasa? ¿tenés miedo de enamorarte? - levanté mi vista.
-¿Qué?.
-Si, ¿es eso?.
-¡No! - dí unos pasos hacia atrás.
-Si, es eso - asintió con la cabeza - tenés miedo de enamorarte de mí. Tenés miedo de salir lastimada. Tenés miedo de equivocarte. Tenés miedo de...- se detuvo.
-¿De qué más, Gonzalo? Terminá.
-Tenés miedo de que te amen - finalizó.
-No tengo miedo a ninguna de las cosas que dijiste.
-Sí, tenés miedo. Mucho miedo.
-No, te equivocás.
-¿Ah sí? entonces decime como son las cosas - me mantuve en silencio y solo lo miré - Vicky, no soy lo que debés pensar de mí.
-¡Eso! demostramelo; demostrame que sos familiero, demostrame que te gusta divertirte, demostrame que conocés límites.
-¿Querés que te lo demuestre?.
-Sí.
-Bueno, vamos - se hizo a un lado.
-¿A dónde?.
-Querés que te demuestre que soy familiero ¿no? - asentí - bueno, vamos a conocer a mi familia y te lo demuestro.
-¿¡QUÉ!? - reí nerviosamente - oh no, no, no, no, no - negaba con la cabeza - ¡no voy a casarme con vos! - él soltó una carcajada.
-¿Querés casarte conmigo?.
-¡No! - él volvió a reír.
-No hace falta que te cases conmigo para conocer a mi familia.
-¿Cómo podés llevar a conocer a tu familia a una chica que conocés hace dos días?.
-Sé todo lo que necesito saber - me guiñó el ojo.
-No, si pensás que me conocés, te equivocás terriblemente.
-Lo sé, por eso dije "todo lo que necesito saber".
-No voy a conocer a tu familia, Gonzalo - finalizé.
-Como quieras. Salgamos esta noche.
-No puedo - me cruzé de brazos.
-¿Por qué?.
-Voy a la universidad. Mañana es lunes. Vos tendrás tu día libre, yo no.
-¿Mañana ya es lunes? - dijo sorprendido. Yo asentí - tengo entrenamiento.
-¿Lo vés? - dije.
-Dame tu número. Vamos a estar en contacto y vamos a hacer algo en la semana y te demuestro todas esas cosas que querés, ¿dale? - lo miré insegura pero cedí. Le dí mi número.
-No creas que después de eso, voy a casarme con vos y vamos a ser felices para siempre - él soltó una carcajada.
-No quiero eso; yo avanzo de a poco - se acercó a mi y me besó cerca de la comisura de la boca.
-Te odio, Gonzalo - él rió.
-¿Querés besarme?.
-Por favor - bufé.
-Sí, lo deseás. Dale, hacelo.
-Andá a casa, dale - lo empujé. Él tomó mi cintura y me robó un beso - ¡hey!.
-Me voy, ya tengo lo que quería, gracias. Nos vemos, Vic - me sonrió y se fué cerrando la puerta a su paso. Era increíble. Creo que está logrando lo que quería...no sé que es exactamente eso, pero estoy cayendo. ¿Enamorándome? no, no creo...¿o sí?.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Parte 6.
-Bueno, tengo 20 años, estoy estudiando Psicología...primer año - él asentía - vine de Inglaterra, pero obviamente como se notará, nací en Argentina.
-Sí, eso lo supe desde el primer momento en el que me dijiste 'buenas noches' en el hotel - yo le sonreí - ah, esperá. ¿No tenes novio, no? - yo reí.
-No, no tengo.
-Ah...mejor - él me sonrió y yo le respondí.
-Quiero creer que vos no estás saliendo con quien todos te involucran.
-¿Y quien és?.
-Soledad Fandiño - dije. Él rió.
-Eso es totalmente falso - yo suspiré - para tu tranquilidad - rió.
-Y la verdad...me dá alivio saber que estas totalmente libre - reímos. El mozo nos trajo las bebidas y tomó nuestra orden.
-Enseguida - volvió a irse.
-¿Y vos? - bebí un poco de agua.
-Yo...bueno. Yo soy Gonzalo Higuaín, tengo 22 años, juego en el Real Madrid...
-Pero - le interrumpí - algo no tan obvio y que yo no sepa - él rió.
-Bueno. Tengo 3 hermanos; Nicolás, que es el mayor. Federico, que es el del medio y Lautaro que es el menor. Amo hacer lo que hago. Me gusta divertirme, salir con mis amigos, de vez en cuando desconectarme un poco de mi profesión y vivir la vida como cualquier otra persona olvidándome al menos una noche de lo que hago. Soy muy familiero; amo estar con mi familia. Ahora los extraño a morir. Voy muy poco a Argentina a visitarlos, pero al menos voy - yo reí - Mis padres; los mejores, Nancy y Jorge.
-Los mios Eduardo y Patricia - él asintió.
-Es bueno saberlo.
-Igualmente - reí. Nos trajeron nuestras órdenes y mientras comíamos, hablábamos. No sentía que estaba hablando con Gonzalo Higuaín; simplemente con Gonzalo. Él era muy divertido, me hacía reír mucho y era entretenido. Después de ahí, nos fuimos a tomar un helado. Parecíamos unos adolescentes hablando y ríendonos como un par de locos pero nunca me había sentido tan bien con alguien que no sean Joaquín y Camila, claro. Llegamos a mi casa cerca de la tarde y lo invité a pasar - esperame acá. Ya vengo - él asintió. Subí las escaleras y me puse algo más cómodo y bajé. Él miraba con detenimiento mis fotos con mi familia que tenía sobre la chimenea.
-Tenés una linda familia - me sonrió.
-Gracias - le respondí tambien sonríendole. Él salió al jardín y fuí atrás de él.
-Wow...lindo jardín - se acercó al borde de la piscina, se sacó las zapatillas y se sentó metiendo sus pies en el agua mientras yo lo observaba desde la puerta - ¡vení! no muerdo - yo reí y corrí a su lado e hice lo mismo. Los dos mirabamos hacia arriba. El sol estaba fuerte y hacía calor. De repente, sentí que me salpicaba agua en la cara. Abrí mis ojos y ví a Gonzalo ríendose de mi. Le tiré agua yo también y asi empezamos a jugar. Sin querer, él cayó a la piscina.
-¿Estás bien? - dije tentada de la risa.
-Sí, estoy bien. ¿Me ayudás? - me extendió su mano.
-Sé el viejo truco del '¿me ayudás?' y cuando te agarro la mano, me estirás y caigo con vos.
-No voy a hacer eso, encerio - dijo serio. Miré dudosamente su mano unos segundos y después la tome - creo que cambié del opinión - cuando quise soltarme él me estiró con fuerza y caí a la piscina con él mientras escuchaba sus carcajadas - ahora sí caíste - le tiré agua - ¡hey! - me tiró él también. Comenzamos a reir y a jugar como nenes chiquitos.
-¡AAAAAAAH! - comenzé a gritar.
-¿QUÉ PASA? - gritó Gonzalo desesperado.
-¡TENGO UN CALAMBRE! ¡AH, GONZALO SACAME! - me tomó en sus brazos y me sacó a la orilla.
-¿Adónde?.
-Acá, acá - le indiqué mi pierna y él comenzó a hacerme masajes.
-¿Te pasa? - preguntó mientras continuaba.
-Más o menos - él siguió - ahí, ahí - dije. Él me soltó.
-¿Te pasó?.
-Sí, gracias - le respondí.
-De nada. No vuelvas a asustarme así.
-Perdón - sonreí. Él se paró y cuando yo lo hice, me resvalé y él me sostuvo en sus brazos. Alzé mi vista y nuestros labios se estaban rozando. El deseo de querer besarlo se apoderaba de mí y no lo podía controlar. Pero no sé como, lo hice y me puse de pie - soy una inútil - negué con la cabeza.
-No importa - rió.
-Vení, entremos, te doy ropa seca - él entró detrás de mi cuando le dí una toalla y le traje un par de prendas de Joaquín que se habia olvidado - tomá - se las dí.
-Gracias, ¿adónde tenés el baño?.
-En el pasillo, al fondo a la izquierda - le indiqué.
-Gracias - se fué a cambiar y yo hice lo mismo. Salí antes que él y me senté en el living a pensar en ese momento en el que estuve a centímetros de besarlo. Pensaba en la sensación que recorría por mi cuerpo en ese instante, al tenerlo tan cerca. No diría que lo conozco a la perfección como para decir que estoy enamorada. Lo conozco hace 2 días. Sería totalmente estúpido decir una cosa así. Sali de mi tranze cuando lo ví volviendo hacia mí vestido con la ropa que le habia dado - ¿cómo estoy? - dió una vuelta completa. Yo reí.
-Me gusta, ¿y yo? - me paré e hice lo mismo que él.
-Hermosa - dijo. Sentí como un calor se apoderaba de mis mejillas. Él se fue acercando a mí hasta que quedamos muy cerca. Acarició una de mis mejillas y yo cerré los ojos cuando sentí la suavidad de su mano recorrerla. Sentí que sus dos manos tomaron con delicadeza mi rostro y fue acercando sus labios a los mios hasta encontrarlos. Me besó. Y fué uno de los besos más lindos que me dieron. Me besaba con delicadeza, como si yo fuera una pieza de porcelana que él no quería romper. Me brindaba seguridad en sus brazos. Sentí como bajó una de sus manos y me sostuvo la cintura mientras su otra mano seguía sobre mi mejilla. Yo rodeé mis brazos en su cuello, lo que lo obligó a bajar ambas manos sobre mi cintura. Cuando nos separamos, pegué mi frente contra la de él y nos sonreímos. Escondí, avergonzada, mi rostro en su pecho.
-Sí, eso lo supe desde el primer momento en el que me dijiste 'buenas noches' en el hotel - yo le sonreí - ah, esperá. ¿No tenes novio, no? - yo reí.
-No, no tengo.
-Ah...mejor - él me sonrió y yo le respondí.
-Quiero creer que vos no estás saliendo con quien todos te involucran.
-¿Y quien és?.
-Soledad Fandiño - dije. Él rió.
-Eso es totalmente falso - yo suspiré - para tu tranquilidad - rió.
-Y la verdad...me dá alivio saber que estas totalmente libre - reímos. El mozo nos trajo las bebidas y tomó nuestra orden.
-Enseguida - volvió a irse.
-¿Y vos? - bebí un poco de agua.
-Yo...bueno. Yo soy Gonzalo Higuaín, tengo 22 años, juego en el Real Madrid...
-Pero - le interrumpí - algo no tan obvio y que yo no sepa - él rió.
-Bueno. Tengo 3 hermanos; Nicolás, que es el mayor. Federico, que es el del medio y Lautaro que es el menor. Amo hacer lo que hago. Me gusta divertirme, salir con mis amigos, de vez en cuando desconectarme un poco de mi profesión y vivir la vida como cualquier otra persona olvidándome al menos una noche de lo que hago. Soy muy familiero; amo estar con mi familia. Ahora los extraño a morir. Voy muy poco a Argentina a visitarlos, pero al menos voy - yo reí - Mis padres; los mejores, Nancy y Jorge.
-Los mios Eduardo y Patricia - él asintió.
-Es bueno saberlo.
-Igualmente - reí. Nos trajeron nuestras órdenes y mientras comíamos, hablábamos. No sentía que estaba hablando con Gonzalo Higuaín; simplemente con Gonzalo. Él era muy divertido, me hacía reír mucho y era entretenido. Después de ahí, nos fuimos a tomar un helado. Parecíamos unos adolescentes hablando y ríendonos como un par de locos pero nunca me había sentido tan bien con alguien que no sean Joaquín y Camila, claro. Llegamos a mi casa cerca de la tarde y lo invité a pasar - esperame acá. Ya vengo - él asintió. Subí las escaleras y me puse algo más cómodo y bajé. Él miraba con detenimiento mis fotos con mi familia que tenía sobre la chimenea.
-Tenés una linda familia - me sonrió.
-Gracias - le respondí tambien sonríendole. Él salió al jardín y fuí atrás de él.
-Wow...lindo jardín - se acercó al borde de la piscina, se sacó las zapatillas y se sentó metiendo sus pies en el agua mientras yo lo observaba desde la puerta - ¡vení! no muerdo - yo reí y corrí a su lado e hice lo mismo. Los dos mirabamos hacia arriba. El sol estaba fuerte y hacía calor. De repente, sentí que me salpicaba agua en la cara. Abrí mis ojos y ví a Gonzalo ríendose de mi. Le tiré agua yo también y asi empezamos a jugar. Sin querer, él cayó a la piscina.
-¿Estás bien? - dije tentada de la risa.
-Sí, estoy bien. ¿Me ayudás? - me extendió su mano.
-Sé el viejo truco del '¿me ayudás?' y cuando te agarro la mano, me estirás y caigo con vos.
-No voy a hacer eso, encerio - dijo serio. Miré dudosamente su mano unos segundos y después la tome - creo que cambié del opinión - cuando quise soltarme él me estiró con fuerza y caí a la piscina con él mientras escuchaba sus carcajadas - ahora sí caíste - le tiré agua - ¡hey! - me tiró él también. Comenzamos a reir y a jugar como nenes chiquitos.
-¡AAAAAAAH! - comenzé a gritar.
-¿QUÉ PASA? - gritó Gonzalo desesperado.
-¡TENGO UN CALAMBRE! ¡AH, GONZALO SACAME! - me tomó en sus brazos y me sacó a la orilla.
-¿Adónde?.
-Acá, acá - le indiqué mi pierna y él comenzó a hacerme masajes.
-¿Te pasa? - preguntó mientras continuaba.
-Más o menos - él siguió - ahí, ahí - dije. Él me soltó.
-¿Te pasó?.
-Sí, gracias - le respondí.
-De nada. No vuelvas a asustarme así.
-Perdón - sonreí. Él se paró y cuando yo lo hice, me resvalé y él me sostuvo en sus brazos. Alzé mi vista y nuestros labios se estaban rozando. El deseo de querer besarlo se apoderaba de mí y no lo podía controlar. Pero no sé como, lo hice y me puse de pie - soy una inútil - negué con la cabeza.
-No importa - rió.
-Vení, entremos, te doy ropa seca - él entró detrás de mi cuando le dí una toalla y le traje un par de prendas de Joaquín que se habia olvidado - tomá - se las dí.
-Gracias, ¿adónde tenés el baño?.
-En el pasillo, al fondo a la izquierda - le indiqué.
-Gracias - se fué a cambiar y yo hice lo mismo. Salí antes que él y me senté en el living a pensar en ese momento en el que estuve a centímetros de besarlo. Pensaba en la sensación que recorría por mi cuerpo en ese instante, al tenerlo tan cerca. No diría que lo conozco a la perfección como para decir que estoy enamorada. Lo conozco hace 2 días. Sería totalmente estúpido decir una cosa así. Sali de mi tranze cuando lo ví volviendo hacia mí vestido con la ropa que le habia dado - ¿cómo estoy? - dió una vuelta completa. Yo reí.
-Me gusta, ¿y yo? - me paré e hice lo mismo que él.
-Hermosa - dijo. Sentí como un calor se apoderaba de mis mejillas. Él se fue acercando a mí hasta que quedamos muy cerca. Acarició una de mis mejillas y yo cerré los ojos cuando sentí la suavidad de su mano recorrerla. Sentí que sus dos manos tomaron con delicadeza mi rostro y fue acercando sus labios a los mios hasta encontrarlos. Me besó. Y fué uno de los besos más lindos que me dieron. Me besaba con delicadeza, como si yo fuera una pieza de porcelana que él no quería romper. Me brindaba seguridad en sus brazos. Sentí como bajó una de sus manos y me sostuvo la cintura mientras su otra mano seguía sobre mi mejilla. Yo rodeé mis brazos en su cuello, lo que lo obligó a bajar ambas manos sobre mi cintura. Cuando nos separamos, pegué mi frente contra la de él y nos sonreímos. Escondí, avergonzada, mi rostro en su pecho.
Parte 5.
-Hola, buenas noches - respondí a aquel saludo. Tenía a la estrella del Real Madrid, Gonzalo Higuaín frente a mis ojos. ¿Qué hacia en el hotel?.
-Em...estoy buscando a Lisandro Baez.
-Sí - dije buscando información sobre aquella persona que mencionaba el futbolista en mi computadora - ¿vas a subir o preferís que le avise que estas acá?.
-¿Podrías avisarle, por favor?.
-Como no - tomé el teléfono y llamé a la habitación del hombre al que él buscaba. Le avisé que tenia una visita y colgué - dice que baja en un minuto - le sonreí.
-Muchas gracias...- hizo una pausa buscando mi nombre hasta que lo encontró en la placa que tenía en mi hombro derecho - ...Victoria - me sonrió.
-Por nada, Gonzalo - él volteó y se sentó en uno de los sillones a esperar. No sé porque, pero la idea de tener a Gonzalo Higuaín a metros de mí, me inquietaba. Él era mi futbolista preferido a pesar de que mucho el fútbol no me gustaba. Me hacía la distraída pero notaba su fija mirada hacia mí. La persona a la que él venia a visitar, salió del ascensor.
-¡Gonza! - dijo abriendo sus brazos. Se acercó a él y lo abrazó - buenas noches - dijo desviando la vista hacia mí.
-Buenas noches - respondí. Ambos me sonrieron y yo les respondí. Hablaron un rato sobre cosas que yo desconocía y después, salieron de ahí. Alternaba turnos con otra chica, se llama Sabrina. Ella llegó y yo me fui. Eran las 23.00 y yo me iba hacia mi casa, pensando en ese momento en el que había visto a Gonzalo Higuaín, no podía evitar seguir sorprendida. Llegué a mi casa y me duché, comí algo y me fui directamente a dormir. Al día siguiente, temprano, volví a mi lugar de trabajo. Todos los días igual.
-Victoria - desvié mi vista al escuchar la voz de mi supervisor - quiero hablar con vos, por favor. Te veo en mi oficina - se fué y yo detrás de él. Entré y cerré la puerta.
-¿Si?.
-Sentate - me indico la silla y yo tomé asiento - sos muy buena en este trabajo, pero la verdad, no creo que seas la indicada.
-¿Me está echando? - me puse de pie.
-No. Te estoy pidiendo tu renuncia. Creo que debés buscar otro trabajo. Sos buena acá pero no te creo apta para esto - reí sínicamente.
-Ok, ¿quiere mi renuncia? la tiene - salí de ahí dando un portazo. No podía creerlo. Cuando salía, ví a Sabrina, tomando mi lugar.
-¿Qué pasó? - dijo ella observando mi furia.
-Me despidió - suspiré.
-¿Encerio? - asentí.
-Buena suerte, Sabri. Espero que dures más que yo - reí y me despedi de mi ex compañera de trabajo.
-Suerte para vos tambien, Vicky. En tus estudios y en todo.
-Gracias - le sonreí y salí de ahí. Me fui por el centro para comprar un par de cosas para mi casa y me estaba dirigiendo hacia ahí cuando me choqué con alguien - perdón - alzé mi vista...era Gonzalo.
-Hola - me sonrió.
-Hola - le respondí sonriendo. Bajé mi vista y seguí caminando.
-Hey, esperá - me tomó del brazo. Volteé a verlo - ¿querés ir a almorzar conmigo?.
-¿Qué? - reí. Gonzalo Higuaín invitandome a almorzar con él...a mí. Increíble.
-Sí - me sonrió.
-Ni siquiera me conoces y ¿me invitás a tomar algo?.
-Justamente para eso te invito; para conocerte. Me parecés una persona interesante - reí.
-¿Se supone que tengo que aceptar?.
-Si querés... - sonreí.
-Está bien, voy - él sonrió satisfactoriamente.
-Perfecto. ¿Querés que te acompañe a dejar esas bolsas?.
-Como quieras - él asintió.
-Allá esta mi auto - dijo señalando al otro lado de la calle - vamos - comenzamos a caminar hacia su lujoso auto negro. Él me abrió la puerta del acompañante.
-Gracias - entré.
-De nada - sonrió y la cerró. Rodeó el auto y entró del lado del conductor. Condujo hasta mi casa mientras yo le guiaba.
-Vuelvo enseguida - él asintió. Yo bajé, dejé las bolsas, me retoqué un poco y volví. Cuando entré, me sonrió.
-¿Lista? - asentí y nos fuimos a un restaurante muy lindo.
-Señor Higuaín, ¿como está hoy? - le dijo el encargado.
-Muy bien, Esteban - sonrió.
-Los llevo a su mesa. Acompáñenme por favor - seguimos a esa persona que nos llevó a una mesa mucho más apartada de las demás en un muy buen sector. Ambos tomamos asiento - ¿les traigo algo para tomar mientras ordenan?.
-Claro - dijo - ¿qué vas a tomar, Vicky? - ok, Gonzalo Higuaín acaba de llamarme por mi apodo. Esto no podía estar pasando - ¿Vicky? - repitió.
-¿Sí? - salí de mi tranze - ¿qué me decías? perdón - él rió.
-Te pregunté que vas a tomar.
-Ah si...eh...agua - sonreí al mozo.
-Está bien - anotó.
-¿Agua? ¡que aburrida sos! - me reí - a mi traeme...jugo de naranja.
-Enseguida vengo - dijo el mozo yendose.
-Ahora - se acomodó en su silla - hablame de vos. Yo lo miré, le sonreí y comenzé a hablar.
-Em...estoy buscando a Lisandro Baez.
-Sí - dije buscando información sobre aquella persona que mencionaba el futbolista en mi computadora - ¿vas a subir o preferís que le avise que estas acá?.
-¿Podrías avisarle, por favor?.
-Como no - tomé el teléfono y llamé a la habitación del hombre al que él buscaba. Le avisé que tenia una visita y colgué - dice que baja en un minuto - le sonreí.
-Muchas gracias...- hizo una pausa buscando mi nombre hasta que lo encontró en la placa que tenía en mi hombro derecho - ...Victoria - me sonrió.
-Por nada, Gonzalo - él volteó y se sentó en uno de los sillones a esperar. No sé porque, pero la idea de tener a Gonzalo Higuaín a metros de mí, me inquietaba. Él era mi futbolista preferido a pesar de que mucho el fútbol no me gustaba. Me hacía la distraída pero notaba su fija mirada hacia mí. La persona a la que él venia a visitar, salió del ascensor.
-¡Gonza! - dijo abriendo sus brazos. Se acercó a él y lo abrazó - buenas noches - dijo desviando la vista hacia mí.
-Buenas noches - respondí. Ambos me sonrieron y yo les respondí. Hablaron un rato sobre cosas que yo desconocía y después, salieron de ahí. Alternaba turnos con otra chica, se llama Sabrina. Ella llegó y yo me fui. Eran las 23.00 y yo me iba hacia mi casa, pensando en ese momento en el que había visto a Gonzalo Higuaín, no podía evitar seguir sorprendida. Llegué a mi casa y me duché, comí algo y me fui directamente a dormir. Al día siguiente, temprano, volví a mi lugar de trabajo. Todos los días igual.
-Victoria - desvié mi vista al escuchar la voz de mi supervisor - quiero hablar con vos, por favor. Te veo en mi oficina - se fué y yo detrás de él. Entré y cerré la puerta.
-¿Si?.
-Sentate - me indico la silla y yo tomé asiento - sos muy buena en este trabajo, pero la verdad, no creo que seas la indicada.
-¿Me está echando? - me puse de pie.
-No. Te estoy pidiendo tu renuncia. Creo que debés buscar otro trabajo. Sos buena acá pero no te creo apta para esto - reí sínicamente.
-Ok, ¿quiere mi renuncia? la tiene - salí de ahí dando un portazo. No podía creerlo. Cuando salía, ví a Sabrina, tomando mi lugar.
-¿Qué pasó? - dijo ella observando mi furia.
-Me despidió - suspiré.
-¿Encerio? - asentí.
-Buena suerte, Sabri. Espero que dures más que yo - reí y me despedi de mi ex compañera de trabajo.
-Suerte para vos tambien, Vicky. En tus estudios y en todo.
-Gracias - le sonreí y salí de ahí. Me fui por el centro para comprar un par de cosas para mi casa y me estaba dirigiendo hacia ahí cuando me choqué con alguien - perdón - alzé mi vista...era Gonzalo.
-Hola - me sonrió.
-Hola - le respondí sonriendo. Bajé mi vista y seguí caminando.
-Hey, esperá - me tomó del brazo. Volteé a verlo - ¿querés ir a almorzar conmigo?.
-¿Qué? - reí. Gonzalo Higuaín invitandome a almorzar con él...a mí. Increíble.
-Sí - me sonrió.
-Ni siquiera me conoces y ¿me invitás a tomar algo?.
-Justamente para eso te invito; para conocerte. Me parecés una persona interesante - reí.
-¿Se supone que tengo que aceptar?.
-Si querés... - sonreí.
-Está bien, voy - él sonrió satisfactoriamente.
-Perfecto. ¿Querés que te acompañe a dejar esas bolsas?.
-Como quieras - él asintió.
-Allá esta mi auto - dijo señalando al otro lado de la calle - vamos - comenzamos a caminar hacia su lujoso auto negro. Él me abrió la puerta del acompañante.
-Gracias - entré.
-De nada - sonrió y la cerró. Rodeó el auto y entró del lado del conductor. Condujo hasta mi casa mientras yo le guiaba.
-Vuelvo enseguida - él asintió. Yo bajé, dejé las bolsas, me retoqué un poco y volví. Cuando entré, me sonrió.
-¿Lista? - asentí y nos fuimos a un restaurante muy lindo.
-Señor Higuaín, ¿como está hoy? - le dijo el encargado.
-Muy bien, Esteban - sonrió.
-Los llevo a su mesa. Acompáñenme por favor - seguimos a esa persona que nos llevó a una mesa mucho más apartada de las demás en un muy buen sector. Ambos tomamos asiento - ¿les traigo algo para tomar mientras ordenan?.
-Claro - dijo - ¿qué vas a tomar, Vicky? - ok, Gonzalo Higuaín acaba de llamarme por mi apodo. Esto no podía estar pasando - ¿Vicky? - repitió.
-¿Sí? - salí de mi tranze - ¿qué me decías? perdón - él rió.
-Te pregunté que vas a tomar.
-Ah si...eh...agua - sonreí al mozo.
-Está bien - anotó.
-¿Agua? ¡que aburrida sos! - me reí - a mi traeme...jugo de naranja.
-Enseguida vengo - dijo el mozo yendose.
-Ahora - se acomodó en su silla - hablame de vos. Yo lo miré, le sonreí y comenzé a hablar.
Parte 4.
-¿Qué cosa? - dijimos mi amigo y yo.
-Oh, se escondió - Camila rió burlándose de nosotras.
-Ja-ja - dijo Joaquín - muy graciosa.
-Ya sé - dijo Cami con cara satisfactoria.
-¿Y si volvemos a tu casa, Vicky? - propuso Joaquín.
-¡No! - se quejó Camila.
-No están acá, Cami.
-Creo que Joaco tiene razón - dije apoyando el comentario de mi amigo.
-Bueno, pero no volvamos a tu casa, Vic. Sigamos recorriendo - sonrió.
-Bueno, dale - asentí y seguimos nuestro camino por Madrid. Era una ciudad muy linda con muchas cosas interesantes para ver.
-Oh, disculpa - sentí el impacto del cuerpo de alguien sobre el mío cuando iba caminando, que me despertó de mi tranze con aquella ciudad. Por el tono en el que me hablaba, no era español. Llevaba gafas negras y una gorra. Parecía misterioso y con algo que esconder - ¿estás bien? iba apurado y no me percaté que venías - volteó a ver hacia atrás de él. Cami y Joaquín estaban mucho más adelantados pero pararon a esperarme.
-Sí, estoy bien - le sonreí sin mostrar los dientes.
-Ok. Una vez mas, disculpame - me sonrió tambien y se fue. Volteé a ver como se iba; sus pasos eran acelerados, y parecía inquieto. Miré hacia abajo y después al frente y corrí hacia donde me esperaban mis amigos.
-¿Quién era? - dijo Cami comenzando a caminar cuando me acerqué a ellos.
-No sé...pero de acá no parecía - hice una mueca y seguimos caminando. Recorrimos todo el día. Llegamos cerca de la noche a mi casa. Todo estaba acomodado y mi madre estaba preparando la cena.
-¡Llegaron! - dijo mi mamá con un tono de sorpresa y muy sonriente.
-Acá estamos - dijo Joaquín acercándose a ella y saludándola con un beso en la mejilla.
-¿Y papá? - pregunté mientras nos sentamos en el living con Camila.
-Se fué a hacer compras para dejarte llena la cocina. ¿Quieren tomar algo?.
-Yo no, gracias - dijo Joaquín yendo con nosotras.
-Bueno, ¿y ustedes, chicas? - ofreció mi mamá.
-Yo tampoco quiero nada, gracias - dijo Cami sonríendo.
-Yo tampoco, má. Estamos bien.
-Ok. Si necesitan algo, estoy arriba - dijo subiendo las escaleras.
-Saben que me quedé pensando en el chico de hoy. Me quedó la intriga. No sé porque. En fin...¿qué hacemos mañana?.
-No sé, lo que quieran - Joaquín recostó su cabeza contra el sillón.
-A la mañana voy a salir a caminar por alrededores - dije - no me voy a alejar. ¿Quieren venir?.
-¿Caminar? ¿encerio? - dijo Cami rezongando.
-Sí, quiero caminar.
-Ai, Vicky. Seguis caminando y desapareces - agregó de nuevo mi amiga. Joaquín soltó una risa.
-No es por eso; me gusta caminar - respondí.
-Ok, andá a caminar. Joaquín y yo hacemos otra cosa - los dos se miraron.
-Ah bueeeeeeeeno - dije alargando las "e".
-¡Malpensada! - dijo mi amiga golpeandome levemente en el brazo.
-¡Hey!.
-Chicas...basta - dijo Joaquín deteniendonos - no voy a abusar de tu amiga, Vicky.
-No sé; estas un poco depravado últimamente - dije en tono de burla.
-Muy graciosa - dijo él. Camila se rió. Escuchamos pasos y era mi mamá bajando las escaleras.
-¿Van a cenar, chicos? - escuchamos ruidos de llaves y era mi padre entrando con bolsas.
-¿Necesita ayuda, señor? - Joaquín se paró.
-Llamame Eduardo, Joaco - le sonrió - si me hacés ese favor te lo voy a agradecer.
-Ok - Joaquín rió y salió para buscar bolsas. Cuando las entraron todas, nos sentamos a cenar y a hablarles a mis padres adonde habíamos estado. Una larga charla, entre todos, ríendonos y pasándola bien. Al día siguiente, fui la primera en levantarme. Eran las 7 AM exactamente. Me cambié como para salir a caminar y emprendí mi camino escuchando música con mi iPod. Volví a pasar por la sede del RM; me preguntaba si habian posibilidades de encontrarme con el mismo chico del día anterior...pero nada. Pasaron los meses; yo estudiaba en una universidad muy linda de Madrid. Mis padres, Camila y Joaquín habian vuelto a Inglaterra y yo llevaba mi vida sola en aquella ciudad de España. Trabajaba en un famoso hotel de ahí como recepcionista. Me pagaban bien y estaba llevando mi vida por mí misma y me enorgullecía...
-Hola, que tal - escuché una voz en mi mostrador. Levanté la vista y definitivamente, conocía a la persona que tenía frente a mis ojos.
-Oh, se escondió - Camila rió burlándose de nosotras.
-Ja-ja - dijo Joaquín - muy graciosa.
-Ya sé - dijo Cami con cara satisfactoria.
-¿Y si volvemos a tu casa, Vicky? - propuso Joaquín.
-¡No! - se quejó Camila.
-No están acá, Cami.
-Creo que Joaco tiene razón - dije apoyando el comentario de mi amigo.
-Bueno, pero no volvamos a tu casa, Vic. Sigamos recorriendo - sonrió.
-Bueno, dale - asentí y seguimos nuestro camino por Madrid. Era una ciudad muy linda con muchas cosas interesantes para ver.
-Oh, disculpa - sentí el impacto del cuerpo de alguien sobre el mío cuando iba caminando, que me despertó de mi tranze con aquella ciudad. Por el tono en el que me hablaba, no era español. Llevaba gafas negras y una gorra. Parecía misterioso y con algo que esconder - ¿estás bien? iba apurado y no me percaté que venías - volteó a ver hacia atrás de él. Cami y Joaquín estaban mucho más adelantados pero pararon a esperarme.
-Sí, estoy bien - le sonreí sin mostrar los dientes.
-Ok. Una vez mas, disculpame - me sonrió tambien y se fue. Volteé a ver como se iba; sus pasos eran acelerados, y parecía inquieto. Miré hacia abajo y después al frente y corrí hacia donde me esperaban mis amigos.
-¿Quién era? - dijo Cami comenzando a caminar cuando me acerqué a ellos.
-No sé...pero de acá no parecía - hice una mueca y seguimos caminando. Recorrimos todo el día. Llegamos cerca de la noche a mi casa. Todo estaba acomodado y mi madre estaba preparando la cena.
-¡Llegaron! - dijo mi mamá con un tono de sorpresa y muy sonriente.
-Acá estamos - dijo Joaquín acercándose a ella y saludándola con un beso en la mejilla.
-¿Y papá? - pregunté mientras nos sentamos en el living con Camila.
-Se fué a hacer compras para dejarte llena la cocina. ¿Quieren tomar algo?.
-Yo no, gracias - dijo Joaquín yendo con nosotras.
-Bueno, ¿y ustedes, chicas? - ofreció mi mamá.
-Yo tampoco quiero nada, gracias - dijo Cami sonríendo.
-Yo tampoco, má. Estamos bien.
-Ok. Si necesitan algo, estoy arriba - dijo subiendo las escaleras.
-Saben que me quedé pensando en el chico de hoy. Me quedó la intriga. No sé porque. En fin...¿qué hacemos mañana?.
-No sé, lo que quieran - Joaquín recostó su cabeza contra el sillón.
-A la mañana voy a salir a caminar por alrededores - dije - no me voy a alejar. ¿Quieren venir?.
-¿Caminar? ¿encerio? - dijo Cami rezongando.
-Sí, quiero caminar.
-Ai, Vicky. Seguis caminando y desapareces - agregó de nuevo mi amiga. Joaquín soltó una risa.
-No es por eso; me gusta caminar - respondí.
-Ok, andá a caminar. Joaquín y yo hacemos otra cosa - los dos se miraron.
-Ah bueeeeeeeeno - dije alargando las "e".
-¡Malpensada! - dijo mi amiga golpeandome levemente en el brazo.
-¡Hey!.
-Chicas...basta - dijo Joaquín deteniendonos - no voy a abusar de tu amiga, Vicky.
-No sé; estas un poco depravado últimamente - dije en tono de burla.
-Muy graciosa - dijo él. Camila se rió. Escuchamos pasos y era mi mamá bajando las escaleras.
-¿Van a cenar, chicos? - escuchamos ruidos de llaves y era mi padre entrando con bolsas.
-¿Necesita ayuda, señor? - Joaquín se paró.
-Llamame Eduardo, Joaco - le sonrió - si me hacés ese favor te lo voy a agradecer.
-Ok - Joaquín rió y salió para buscar bolsas. Cuando las entraron todas, nos sentamos a cenar y a hablarles a mis padres adonde habíamos estado. Una larga charla, entre todos, ríendonos y pasándola bien. Al día siguiente, fui la primera en levantarme. Eran las 7 AM exactamente. Me cambié como para salir a caminar y emprendí mi camino escuchando música con mi iPod. Volví a pasar por la sede del RM; me preguntaba si habian posibilidades de encontrarme con el mismo chico del día anterior...pero nada. Pasaron los meses; yo estudiaba en una universidad muy linda de Madrid. Mis padres, Camila y Joaquín habian vuelto a Inglaterra y yo llevaba mi vida sola en aquella ciudad de España. Trabajaba en un famoso hotel de ahí como recepcionista. Me pagaban bien y estaba llevando mi vida por mí misma y me enorgullecía...
-Hola, que tal - escuché una voz en mi mostrador. Levanté la vista y definitivamente, conocía a la persona que tenía frente a mis ojos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)