-¡Joaquín! - dije en tono de sorpresa. Miré a Camila, le sonreí y fui a abrazar a mi mejor amigo.
-¿Cómo están? - me acerqué con él mientras me abrazaba la cintura y yo pasaba mi brazo por su cuello. Era lindo; tenia ojos claros, buen físico, una sonrisa hermosa y era una persona increíble. Analizándolo bien...pega con Camila. Cuando nos acercamos a Cami, las mejillas de ellas se enrrojecieron y él le sonrió.
-¡Ay! ¡Son tan lindos! - dije soltando a mi amigo. Ellos rieron - aunque sepan que sigo enojada CON AMBOS por no haberme dicho nada - levanté la voz cuando dije "con ambos".
-Yo no te lo dije porque Cami insistió en que ella te lo diría primero - él se acercó y le dió un beso en la mejilla a mi amiga.
-Me siento sola, es...oficial - cruzé mis brazos.
-No estas sola, tonta - mi amiga me abrazó.
-Claro, es fácil para vos decirlo; mira con el chico con el que salís - Joaquín rió.
-Pero vos te vas a España, ¿sabés lo que están los españoles? Dios. No te querés traer uno; querés 80.
-¿Te vas a España? - dijo mi amigo sorprendido.
-Sí - dije sonríendole.
-¿Me dejás solo acá? - Camila lo miró seria - ¿nos? - la abrazó. Yo reí.
-Pero van a visitarme ¿o no?.
-Vicky, no tenemos un papá abogado que tiene toda la plata del mundo - dijo Camila suspirando.
-Mi papá no tiene toda la plata del mundo.
-Claro - dijo Joaquín y rodó los ojos.
-Bueno, ¿saben qué? vienen conmigo de vacaciones, ¿quieren?.
-¿Qué? - Camila abrió sus ojos como platos.
-¡Sí! estan libres ¿o no?.
-Pero...¿es encerio? - dijo Joaquín sonríendo.
-¡Si, chicos!.
-¡AAAAAAH! - Camila gritó y me abrazó - ¡te amo!.
-Cuando te conviene - dije.
-¡Mentira! - me pegó ligeramente en el brazo.
-¡No me pegues! - le devolví.
-Chicas, basta - Joaquín se puso en el medio.
-Perdón...¿cuándo nos vamos? - dijo Cami con una sonrisa de oreja a oreja. Yo reí.
-Vamos a casa y lo hablamos con mis padres. A ver cuando dicen ellos. Si es por mi, me voy hoy - reímos y salimos del colegio. Fuimos a mi casa y nos recibieron como si no nos hubieran visto hace años. Les conté que aprobé; me abrazaron felices mientras Joaquín y Camila sonreían a la escena.
-Entonces...¡Madrid! - dijo mi padre.
-¡Siiiiiiiiiiiii! - grité. Todos rieron - tengo que decirles algo - miré a Cami y a Joaquín.
-¿Qué, chicos? - dijo mi mamá.
-Van a ir conmigo a Madrid de vacaciones...¿pueden?.
-¡Claro que sí, hija! ¡como no!.
-¡Muchísimas gracias, señor! - Camila abrazó a mi padre. Yo reí.
-No, Cami, ni lo digas. Y te conozco desde la cuna, ya es hora de que me comienzes a decir Eduardo.
-Ok, Eduardo - ella sonrió - gracias. Joaquín hizo lo mismo, a diferencia que no lo abrazó, claro. A mi madre sí; ella lo considera como el hijo que nunca tuvo y yo como el hermano que nunca tuve. Pasaron dos meses exactamente, yo ya había conseguido universidad y mi padre me estaba haciendo la mudanza en una linda e innecesariamente grande casa en Madrid. Joaquín, Camila y yo ya estábamos allí. Camila no podía creer que estaba en España. Joaquín actuaba normal y se reía de la emoción de mi amiga...y de la mía, por supuesto. Mis padres nos acompañaron esa primer semana para ayudarnos a acomodar un poco también.
-Chicos, salgan, ¡estan en España! - dijo mi mamá.
-¡AY, SALGAMOS! - gritó Cami.
-Mi amor, tenemos que seguir acomodando todo - dijo Joaquín.
-No, no, chicos. Ustedes salgan. Patricia y yo terminamos acá.
-¡Gracias, papá! - lo besé - vamos chicos.
-Cuidense, eh - advirtió mi padre. Salimos de la casa a recorrer Madrid y a mirar todo con asombro. A sacar fotos a lo primero que veíamos y a reirnos mientras caminábamos.
-Miren, chicas. Ahí es la concentración del Real Madrid - dijo Joaquín apuntando a un lugar. Era un edificio gigante con una cancha que irradiaba el verde. A duras penas pudimos verlo, ya que estaba bastante protegido.
-Querés decir que...¿Gonzalo Higuaín esta concentrando ahí? - dijo Camila. Joaquín rió y asintió - ¡AAAAAH! ¡VICKY! ¡VICKY!.
-¡Tranquila! - dije riendo.
-¡Vamos, por favor!.
-No podemos entrar, Cami - dijo Joaquín con un tono de decepción.
-Ah...claro - dijo ella decepcionada también.
-Vamos, al menos, a la vereda - dije sonríendo y cruzando la calle. Cuando quise raccionar, Camila estaba a mi lado tomada de la mano con Joaquín.
-¡Esperemos a que salgan! - dijo Camila sonríendo.
-No sabés si estan acá, Cami - dije - tal vez no lo estén.
-¡MIRA ESO! - gritó Camila. Joaquín y yo giramos a ver en la dirección a la que ella estaba apuntando.